El buen hombre es el amigo de todos los seres vivos
Gandhi
Dos factores han definido a Tamaulipas a lo largo de su historia: territorio y población. Gente y geografía, natura y cultura, biología y biografías. Mares, bosques, selvas, ríos y montañas donde surge la vida que nos alberga a todos los seres vivos de esta altiva y heroica. Dentro de esos escenarios, hemos tenido de todo: violencia y heroísmo, horas aciagas y buenos tiempos, construcción y depredación. Con ello y pese a todos los pesares, la historia nos muestra que ha habido y hay mucha más gente buena generando acciones transformadoras cada día, en todos los rincones del territorio.
Arturo Mora Olivo es uno de ellos. Un tamaulipeco ejemplar, quien sin aspavientos ni prepotencia, va dejando huella con su trabajo cotidiano. Nacido en Valle Hermoso, hasta sus apellidos parecen estar predestinados a una pasión y vocación. Interesado en el conocimiento de las plantas desde pequeño, llegó a Tampico muy joven para estudiar lo que siempre anheló, una licenciatura en biología. Destacado como estudiante desde entonces, entabló relaciones con reconocidos académicos del Instituto de Biología de la UNAM, quienes lo recomendaron en nuestra Universidad Autónoma de Tamaulipas para iniciar el trabajo que ha sido su gran proyecto de vida: un herbario (colección de plantas preservadas) para Tamaulipas, cuyo nombre actual es Herbario UAT Francisco González Medrano, en homenaje al gran botánico mexicano. Quehacer enlazado a otros de gran calado ecológico.
Reconocido ahora como uno de los más notables investigadores de la UAT y conocedor como muy pocos, de la flora tamaulipeca; Arturo no se duerme en sus laureles y sigue aprendiendo y enseñando de nuestras riquezas naturales. Lo mismo en el aula como en el campo. Después de la licenciatura, estudió una maestría en Ciencias Agrícolas UAT y más tarde un Doctorado en Ciencias Biológicas por la UNAM. Respetado a nivel nacional e internacional por su trabajo en líneas de investigación donde destaca la taxonomía, ecología, etnobotánica y conservación de plantas vasculares; el doctor Mora Olivo es además un profundo conocedor de nuestras comunidades, puesto que su bagaje académico está sustentado igualmente en el intercambio cultural con las personas y las necesidades de su entorno social.
Profesor investigador de la Facultad de Ingeniería y Ciencias y del Instituto de Ecología Aplicada de nuestra universidad estatal, del que fue uno de los mejores directores; el doctor Mora Olivo tiene un currículo impresionante en el que destacan los libros y artículos publicados, las tesis dirigidas, las plantas descritas, los proyectos asesorados, las conferencias magistrales, las estancias internacionales y los cargos en instituciones, organizaciones y colegios, además de ser miembro de comités editoriales y cuerpos académicos. Por si fuera poco, ha obtenido el Premio Universitario a la Investigación de Excelencia UAT en seis ocasiones. En esa dimensión está su trayectoria profesional. Un referente incuestionable de la excelencia.
Además de su valía profesional, al destacado académico tamaulipeco lo distingue su bonhomía, su generosidad, su humanismo. Casado con la bella Magaly, bióloga como él, Arturo ha sabido ser buen esposo y buen padre de familia, amoroso y dedicado siempre al más amado ecosistema: su hogar. Buen amigo de sus amigos y compañeros de trabajo, tengo el gusto de conocerlo y validar su integridad y trayectoria ejemplar desde hace mucho tiempo, cuando en la creación del Jardín Botánico Anacahuita, nos asesoró en una labor que ha seguido acompañando durante casi cuarenta años como investigador, pero especialmente como amigo generoso de nuestra asociación.
Hace unos días, el doctor Arturo Mora Olivo, ingresó como nuevo miembro a la Academia Mexicana de Ciencias, prestigiada institución a la que sólo acceden los más notables científicos nacionales. En una ceremonia presidida por Leonardo Lomelí, rector de la UNAM, acompañado por Rosaura Ruiz, Secretaria de Ciencia, Tecnología, Humanidades e Innovación, el doctor Mora Olivo recibió el honor de integrarse a uno de los claustros más reconocidos de académicos mexicanos que más allá de títulos, tienen el compromiso de hacer del conocimiento, la libertad intelectual, el rigor crítico, la ética y la investigación, factores de transformación que generen desarrollo sostenible, soberanía y bienestar social. Y por supuesto que abran paso a nuevos saberes, como bien dijo el rector Lomelí. Lo mismo en las ciencias exactas que en las humanidades.
Digno representante del buen quehacer universitario, Arturo demuestra con su trabajo que verdad, belleza y probidad son posibles cuando se trabaja convencido de la trascendencia de una labor. Enorme satisfacción fue ver en la transmisión de tan significativo evento nacional, a nuestro admirado amigo Arturo, quien con su trabajo, talento y trayectoria, le otorga honor y prestigio a nuestra universidad estatal y orgullo a los tamaulipecos todos. Arturo es integrante ahora de la Academia Mexicana de Ciencias, pero sigue trabajando con su proverbial modestia y amor por Tamaulipas, en cada uno de sus proyectos y procesos. Caminando mucho observando las plantas, estudiando su composición, escribiendo análisis, conservando las colecciones y los espacios, y muy especialmente compartiendo el conocimiento, no sólo a la comunidad universitaria, sino también a la población en general. Un conocimiento que no se queda en escritorio, porque contribuye a mejorar la vida de nuestra gente.
En lo personal, celebro el nuevo gran logro del buen Arturo a quien felicito con invariable afecto. Y como universitaria reitero mi petición respetuosa desde aquí a las autoridades universitarias: conservar el uso del edificio destinado desde su construcción al Instituto de Ecología Aplicada y al Herbario UAT para sus estudiantes e investigadores, quienes con su trabajo enaltecen a nuestra alma mater. Conservar su casa, como ellos conservan nuestra gran casa. La historia dará cuenta del acontecer.








