Que por fin lucirá el día
en que México triunfante,
grande y fuerte se levante,
cómo lo crió el Hombre-Dios.
Pedro N. Navarrete (1847)
Derivado de su ubicación geográfica, la capital tamaulipeca jugó un papel estratégico durante la Guerra de Intervención Norteamericana, particularmente entre noviembre de 1846 y principios de 1847. Sobre los personajes que documentaron los acontecimientos históricos del paso del ejército gringo por Ciudad Victoria, destacan el teniente George Brinton McClellan originario de Filadelfia, Pensilvania graduado en la Academia Militar de West Point y el General George Gordon Meade perteneciente a las fuerzas del general Zacarías Taylor.

Este último escribió “Vida y Cartas” publicadas en Nueva York en 1913 por los editores Charles Scribner´s Sons. En las páginas del volumen 1, narra la llegada de los soldados a la frontera tamaulipeca y su tránsito desde Camargo, Reynosa y Matamoros hasta Victoria durante una expedición para apoderarse del territorio del noreste, recorriendo la cadena montañosa que según él “…comienza en Tampico y se extiende por Victoria y Monterrey.
Como parte de la estrategia militar, habla de la presencia de 2 mil quinientos hombres voluntarios y regulares. Lo mismo que el general Taylor partiría a Saltillo con la columna del general Worth “…para explorar y reconocer el terreno, en dirección a San Luis Potosí, regresará aquí y bajará a Tampico por el camino a Linares-Victoria, a tiempo para reunirse con el general Patterson. En La Angostura o Buenavista cerca de la capital de Coahuila Taylor protagonizó una batalla el 22 y 23 de febrero de 1847.
Izar la Bandera de Estados Unidos
Los caminos de la Sierra Madre Oriental, eran muy complicados y difícil de transitar en aquella época, sobre todo en temporada de lluvias. Sólo los audaces arrieros eran capaces de cruzar aquellos precipicios y cañones donde la flora era tupida y la fauna peligrosa para los viajeros. Pero los gringos estaban decididos afrontar cualquier reto para invadir el país. Entonces las noticias tardaban en llegar, pero por rumores se insistía sobre la presencia del general y comandante Urrea en Ciudad Victoria, de quien desconfiaban las fuerzas liberales. Aunque él se defendía de los ataques “Tamaulipecos, píntenseme como quiera; me conocéis y no dudeís de mi lealtad por la causa de la República.”
Vale decir que entre 1846-1847 fueron gobernadores de Tamaulipas Francisco Vital Fernández y Eleno Vargas, quienes hacían lo imposible por afrontar el conflicto bélico. Las pretensiones de Taylor dicen Meade, consistían pasar por Morelos (Montemorelos) y Linares y llegar a Victoria con unos mil 500 hombres y ocho piezas de artillería y recoger en la ruta “…al Segundo Regimiento de Infantería (de)… Morelos y cuenta con 500 hombres…En Victoria se unirá al general Patterson, de Matamoros, con más de dos mil hombres. El objetivo del General Taylor es examinar los diversos pasos (caminos) de la montaña (y las comunicaciones con el mar), entre éste y Victoria para guarecer los pasos principales, dejando una gran guarnición en Victoria, que, junto con la de Tampico formará una fuerza para enfrentarse a Santa Anna, en caso de que avance de San Luis en esta dirección.”

Parte de los argumentos que cita en sus memorias, eran especulaciones y noticias imprecisas, pero en cierta manera daban optimismo a los invasores. Meade fue comisionado con el general Quitman para acudir a Victoria y conocer la Sierra Madre (de la cual dibuja un boceto-, con apoyo del general Patterson. El norteamericano se muestra optimista, considerando que presuntamente el comandante José Urrea tenía a su mando en Tula cinco mil como parte del ejército de observación, mientras en Victoria existían más de mil voluntarios. En consecuencia, Meade confiaba en “…darles una buena paliza.”
Finalmente, el 7 de enero de 1847 a los pocos días de arribar a Victoria envió a Quilman a reconocer con veinte hombres con ponys precarios “…el camino a Tula, hasta un pequeño lugar llamado Las Minas…encontrándome con un mexicano quien nos dijo que el enemigo se había retirado más allá de las montañas…”
Gracias a Dios Hemos Quedado Solos
En ese tiempo Tula fue capital de Tamaulipas. Después del retiro las fuerzas norteamericanas de Ciudad Victoria -que prácticamente no defendió su soberanía-, la capital tamaulipeca fue liberada, incluso la casa del gobernador Fernández que era cuartel militar de los gringos. Dice Meade “…tenemos información de la recuperación de Victoria por una gran fuerza mexicana que se dedica a maltratar y robar a todos los que fueron civilizados por nosotros… Considero esto un trato cruel por parte de nuestro gobierno, enviar tropas para ocupar un lugar, izar nuestra bandera, dar apariencias de protección a todos…”
Abandonados por las autoridades y milicia, la presencia de cerca de seis mil extranjeros fue verdaderamente humillante para los victorenses. “Sin embargo, en lo general y debido al sistema de su política, a cuyo logro tomó este ayuntamiento, previamente las providencias necesarias en las terribles circunstancias, en que a su ingreso se encontraba el pueblo, y los alcaldes han desempeñado con aquella solicitud y actividad que demanda la sagrada misión de proteger y consolar en lo posible en sus propiedades y habitantes.”
A principios de enero de 1847 Victoria fue evacuada y salieron a Tampico por el Camino del Pastor, varias divisiones al mando de los generales Tuis, Patterson y Quilman con más de 12 mil hombres, mil caballos y varias piezas de artillería, a donde llegaron el 23. “Gracias al Dios Omnipotente, hemos quedado solos.” Dice el periódico El Monitor Republicano de enero 28 de 1847.
Testimonio del Gral. George B. Mc Clellan
El tema de intervencionismo norteamericano sigue vigente en nuestros días, pero ahora bajo nuevos contextos y modalidades. En 1917 la Universidad de Princeton publicó Diario de la Guerra en México, redactado por Mc Clellan quien fue parte del ejército durante la Guerra de los Estados Unidos contra México. Se refiere entre otros temas a la marcha que realizaron desde Matamoros a Victoria.

En tanto George C. Furber, un soldado raso que participó en la guerra y escribió un diario de campaña, describe el ambiente de la caballería a la cual denomina Mustangs que los acompañó desde Victoria “Estaba compuesta por soldados de los tres regimientos de infantería. Cualquiera que pudiera reunir los medios para comprar un burro de orejas largas, una mula, un viejo caballo mexicano o cualquier otro medio de transporte similar, ingresaba inmediatamente a la caballería mustangs. Dichos animales se podían comprar de entre tres y cinco dólares. Algunos jinetes conseguían sillas de montar mexicanas, con sus fundas de crin y bridas; y otras de nuevo no tenían ninguna de las dos…”
Cierta noche cuando Furber retornaba del campamento del general Taylor en Victoria, uno de los centinelas gringos lo detuvo a 150 metros del campamento, suponemos el de Pajaritos, cómo no tenía contraseña para pasar se hicieron de palabras. “Desde Victoria a Santa Rosa, había cuatro leguas. El camino no es muy montañoso, pero había que abrirse paso entre la maleza espesa; se cruzaron dos barrancos muy peligrosos, Santa Rosa era un rancho miserable apenas podían conseguirse media docena de huevos, y un cerdito en toda la explotación; el cerdito tenía agua buena…De Victoria nos dirigimos a Tampico.”
De esta manera, sin que los tamaulipecos dieran muestras de patriotismo, concluyó la estancia del ejército gringo en Victoria y uno de los capítulos de guerra y políticos más complicados. La situación volvió a la normalidad luego de los Tratados de Guadalupe Hidalgo, en los que México y Tamaulipas perdieron gran parte de su territorio.
Bibliografía El Monitor Republicano/28 de noviembre/1847; El Monitor Republicano/22 de noviembre/1847).









