En los noventas la población argentina tenía una conciencia política muy aguda, se sabían inmersos en un sistema político corrupto, marcado por el neoliberalismo y el consecuente desmantelamiento del estado. La formación cultural caracterizada por el hábito de lectura fue terreno fértil para la resistencia política. Las clases medias y populares, en particular la juventud, estaban despiertas. Había una visión crítica de la realidad, lo que le permitió a la sociedad organizarse contra los excesos del gobierno, propiciando la caída de Fernando de la Rúa en 2001, dando oportunidad al kirchnerismo de recuperar la soberanía estatal.
La erosión de la conciencia social y la cultura participativa, puede entenderse como el resultado de las malas gestiones posteriores a Kirchner, por las crisis económicas y por una desvinculación gradual de las agendas y compromisos con los sectores más vulnerables. Con la elección de Mauricio Macri, se volvió a la mentalidad neoliberal que prioriza el individualismo, donde todos quieren ser emprendedores y se presume la eficiencia de mercado sobre lo gubernamental, se debilitaron los lazos comunitarios, y se desmantelaron servicios públicos, al tiempo que la formación política dejó de venir de libros de teoría o debates extensos, para emanar de las redes sociales.
Macri fracasó, el pueblo, ya con poca esperanza optó de nuevo por una izquierda bastante cuestionada, sin embargo, Alberto Fernández también fracasó, y con él, colapsó toda la confianza en la clase política, el algoritmo sustituyó a los medios tradicionales, surgieron atractivas propuestas en youtube, tik tok o Instagram, sin evidencias, llenas de juicios de valor cargados de odio que reforzaron sesgos previos, eliminando el pensamiento crítico. Reemplazándolo por una identificación emocional rápida con figuras “apartidistas” que se salen del guion, que prometen soluciones mágicas a gritos desquiciados como Javier Milei.
La construcción de la conciencia política es lenta, sin embargo, su destrucción es rápida, en Argentina la juventud dejó de ver en el Estado a un garante de derechos, dado que los mayores logros de la lucha social se registraron en 2001, los jóvenes habían perdido el contexto histórico, y por ende no fueron conscientes de los avances alcanzados en las luchas sociales, ni de los perniciosos efectos del neoliberalismo. Dussel advertía que la conciencia es frágil y puede retroceder ante el primer fracaso material si la formación política no es constante, consideremos que luego de Macri, Alberto Fernández enfrentó una pandemia que no solo paralizó la economía, y propició una crisis económica asfixiante, a la que el estado no supo responder, también se profundizó el divorcio entre el discurso progresista y la realidad de la sociedad.
Argentina pasó de una cultura crítica, muy evidente en los 90s, a una era digital y de inmediatez, donde desapareció la profundidad en el análisis, se perdió el hábito del análisis político y se facilitó la difusión de discursos simplistas, rebeldes, ofensivos y de gran estridencia, a través de las redes sociales llegaron personajes como Milei a llenar el vacío, y fueron bien recibidos por los nuevos votantes.
Milei capitalizó la rabia emanada de la incultura y la desesperanza, así logró algo difícil de creer, engañó al votante, presentándose como un crítico de la burocracia, una especie de anarquista que de ganar no se vincularía con el gobierno, al contrario, lo desmantelaría repartiendo la ganancia con todos los emprendedores. Ganó invocando un voto visceral contra la “casta política” pero paradójicamente aspirando a capturar el poder político con su propia casta.
Este fenómeno refleja la desarticulación de la comunidad y a una falta de análisis crítico sobre las nefastas consecuencias a mediano plazo de los políticos que proponen ajustes drásticos y milagrosos como Milei, Trump, Bolsonaro, o en México, Salinas Pliego representantes del neoliberalismo en sus versiones más vulgares, completamente sumisas al poder económico de las grandes corporaciones y potencias.
En Argentina, la avanzada del modelo libertario es tan tiste como indignante, incendiaron deliberadamente la Patagonia, y modificaron las leyes de protección de áreas naturales que prohibían el cambio de uso de suelo de terrenos incendiados, para poder privatizar esas tierras y generar desarrollos privados. De igual forma creó la Ley de Glaciares, permitiendo el control privado de las reservas hídricas más grandes del país, amenazando gravemente el derecho humano al agua de los argentinos y pulverizando la visión del agua como un bien común. Modificaron las leyes laborales para restar prerrogativas a los trabajadores. Argentina no requiere de una invasión o perder una guerra para que Estados Unidos o Israel se apoderen de sus recursos naturales, Milei los pone en bandeja de plata, incluso ofrece su inexperto ejército a los intereses bélicos de ambas tiranías. El personaje es agresivo, demencial, indolente, una caricatura repulsiva, pero los jóvenes de entre 18 y 23 años lo pusieron ahí.
Lo que le pasó a Argentina es muy grave, un tejido complejo de elementos que involucran la incultura creciente, la falta de conciencia política sobre todo en los votantes jóvenes, el estancamiento de las políticas de bienestar, el desgaste de la narrativa ideológica del kishnerismo o el peronismo, la falta de resultados, los intereses de los grupos de poder alineados a los medios de comunicación y redes sociales y la rabia manifestada en votos catárticos, generaron las condiciones que requería la democracia para arrojar la peor basura de su historia.









