Una pregunta simple: ¿por qué el gobierno de los Estados Unidos repite las tácticas y estrategias que usó en 1968 para desestabilizar al régimen revolucionario mexicano?, tiene una respuesta también igual de simple: porque fueron exitosas, especialmente el mito de la Matanza de Tlatelolco que aún sigue siendo una referencia del supuesto totalitarismo represivo del gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz.
Ya lo he señalado en otras ocasiones, el destacado escritor Gonzalo Martre (Mario Trejo González, director de la Preparatoria 5 de la UNAM durante el bazucazo), asegura en su libro testimonial Los Símbolos Transparentes, que, en 1968, si bien México no vivía en jauja, si había satisfacción popular por los grandes logros generados por los regímenes revolucionarios a partir de la expropiación petrolera y la nacionalización de los ferrocarriles, realizados por el presidente Lázaro Cárdenas.
Particularmente, los presidentes Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz llevaron la más prolongada época de paz, estabilidad y desarrollo que ha conocido la humanidad, a su punto más alto, con gran reconocimiento internacional. El primero, que había sido secretario del Trabajo, logró el pacto obrero-patronal para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y promover el desarrollo nacional a partir de programas de mejoramiento regional.
El segundo, consolidó los planes de evitar la integración de una “fuerza multinacional” para rescatar a Cuba del comunismo, que la Organización de las Naciones Unidas adoptara en su plataforma de principios la libres autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias, la proscripción de las armas nucleares en la América Latina y la recuperación de tierras que el río Bravo había dejado del lado americano.
Pero, quizá la tirria mayor fue cuando el presidente Díaz Ordaz respondió al presidente Nixon, quien se quejaba de que México era el trampolín de las drogas, que bastaba con que allá cerraran la alberca para que el trampolín dejara de ser necesario. Como se vé, cuando México, luego de la etapa del desarrollo estabilizador, se apresta para adentrarse en el milagro económico mexicano, los de allá soltaron la jauría para emprender feroz campaña de desestabilización.
Las similitudes son tantas que, en el 68, la supuesta Matanza de Tlatelolco se fecha diez días antes de iniciarse los Décimo Novenos Juegos Olímpicos de la era moderna (cuya sede se otorgó a México por su alto nivel de desarrollo y su estabilidad política y social, según el presidente del COI), y ahora la amenaza de intervención militar de Estados Unidos en México ocurre en los prolegomenos de la Copa Mundial de la FIFA 2026, esto es, dos escenarios de proyección mundial.
Previamente, como ahora, se buscó atraer comunicadores que pudieran, en todos el país y por diversos medios, difundir y magnificar las fake news que crearan un ambiente de incertidumbre y confusión social. Quien fuera secretaria de Asuntos Consulares del Departamento de Estado de EU, Janice L. Jacobs, en carta dirigida al autor con fecha 13 de enero de 1992, reconoce la existencia del Proyecto de Visitante Voluntario, auspiciado por la Agencia de Información de EU, para captar periodistas jóvenes.
Con ello, como ha quedado evidenciado, un buen número de aborígenes se dejan influenciar y manipular por el impacto mediático, prensa escrita, televisión, radio y redes sociales, por presuntos comunicadores a sueldo que cobran en dólares. Hasta ahora, el gobierno de la presidente Claudia Sheinbaum, una mujer de grandes luces, ha logrado contrarrestar esas andanadas provocativas y a reducido a sus exactas dimensiones los actos provocativos de “maistros”, campesinos naylon y demás.
¿Cómo?, pues, haciendo lo que no se hizo en el 68: un dialogo permanente con el pueblo de México, que ahora sí está preparado y ve, como en escaparate de cristal, las jugarretas de los vecinos y de sus acólitos de este lado.









