Tras horas de deliberación intensa, en una dinámica de trabajo de los estrategas más relevantes de la derecha en México, convocados por Salinas Pliego, para lanzar su campaña en el contexto del mundial. Se dio el milagro, una genialidad floreció:
—¡Ya lo tengo! —exclamó Alito eufórico—. Una grabación donde el mismísimo AMLO, confiese, con su propia voz, que es un asesino, un corrupto y homosexual. Con eso derribamos a su mesías tropical y echamos toda la estructura de morena abajo. Los aplausos no se hicieron esperar. Lily Téllez ya estaba redactando el tuit en su mente. El agente de la CIA, que acompañaba a Maru Campos, sonrió mientras dibujaba el escenario en su imaginación. Parecía el crimen perfecto. El plan maestro. La estocada final.
Hasta que el “tío Richie”, con el cinismo de un usurero que debe miles de millones de pesos en impuestos, apagó sus emociones
—A ver, genios… ¿y cómo chingados vamos a hacer que el viejo diga eso?
—¡Con Inteligencia Artificial, tío Richie! ¡Un Deepfake! —reviró Alito emocionado.
Salinas Pliego —Si lo creamos con IA, el viejo va a tardar exactamente cinco minutos en demostrar, sentado en un sillón desde palenque, rodeado de pavorreales, que es falso, nos va a poner una rola de grupo firme y nos va a reventar el algoritmo en la cara. Quedaríamos como unos soberanos pendejos” Un silencio sepulcral inundó la sala.
—Bueno… —propuso Claudio X, rascándose su cabellera cuidadosamente despeinada— ¿Y si hacemos que no sea un audio directo? ¿Y si inventamos que el propio AMLO se lo confesó a un tercero? Una filtración… Xóchitl Gálvez comenzaba a dar brinquitos de emoción, cuando el “tío Richie” volvió a entrecerrar los ojos, encendió un puro y haciéndole del abogado del diablo lanzó la pregunta que terminó por congelar el brainstorming:
—Ajá. ¿Y de dónde chingados vamos a sacar a alguien que sostenga esa mentira en público? ¿Quién se va a prestar a sostenerle la mirada a un viejo lobo de mar, al que llevan cuarenta años tratando de hundir y solo lo han hecho más grande? Margarita Zavala empezó a rezar en voz bajita. De pronto, desde la esquina más oscura de la mesa, una voz maquiavélica rompió el hielo, el jefe Diego Fernández de Cevallos: —Pues si los vivos no aguantan un debate… usemos a un muerto.
El “tío Richie” alzó una ceja, soltó una bocanada de humo y apuntó con el puro al estratega. —A ver jefe… desarrolla. Me interesa.
—Piénsenlo —continuó el excandidato —. Si decimos que AMLO se lo confesó a alguien que ya pasó a mejor vida, no hay confrontación posible. Los muertos no hablan. Pero no puede ser cualquier muerto; tendría que ser maricón para que narré alguna experiencia con Tartufo, alguien de fama incuestionable para que el chisme se expanda como el Covid” Anaya interrumpió a su jefe — se me ocurren dos, Juan Gabriel o este escritor, despeinado que estaba rodeado de gatos. —¡Carlos Monsiváis! Corrigió el jefe Diego y prosiguió.
— es perfecto, un escritor de peso, de izquierda que de verdad conoció al Tartufo desde sus inicios. Además, no se casó, ni tuvo hijos, será difícil que alguien lo desmienta.
Las miradas se encendieron. —¡Brillante! —interrumpió Calderón, el más creativo en el arte de la falsificación—. Falsificamos con IA un artículo o sacamos un ensayo o una grabación “incómoda e inédita” decimos que se encontró en el museo del estanquillo, donde están sus colecciones.
Salinas de Gortari, que se había mantenido expectante, soltó un bufido de desprecio y les dio un golpe de realidad literaria:
—No mamen, qué pendejos son. ¿Falsificar a Monsiváis? ¿Ustedes? Ni con toda la Inteligencia Artificial del mundo junta podrían imitar la ironía, el lenguaje y el estilo de Monsiváis. A la primera frase mal puesta, los intelectuales de verdad nos van a destrozar el invento. Se va a notar el sello de chatGPT desde la Luna, incluso si tuviéramos un audio.
El plan volvía a tambalearse en el borde del abismo. Pero justo ahí, uno de los estrategas más retorcido, se puso de pie de un salto, con los ojos inyectados de locura y una estridente voz de clavillazo, Jorge Romero, el presidente del PAN.
—¡Ya lo tengo! ¡Ya lo tengo, Richie! —exclamó con una sonrisa tétrica—. Olvídense de falsificar su escritura. No necesitamos un ensayo. Lo que vamos a inventar es el testimonio de una entrevista secreta. Vamos a decir que el propio Monsi, poco antes de morir, confesó a un reportero que AMLO vivió con él. Que tuvieron una relación rarísima, una mezcla de hospedaje turbio, escondite y complicidad mística cuando lo escondió por el asesinato de su hermano.
Salinas Pliego, encarrerado con las ideas a tope, prosiguió —¡Todo! Diremos que el viejo le lloró en el hombro y le confesó en secreto que él mismo mató a su hermano, que en realidad es homosexual de clóset y que, además, odia al pueblo y haría cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa, por dinero. Así por fin me voy a sacudir ese mote de la perrita de Trump, y comenzamos a difundir el hashtag #la perrita de Monsiváis.
El embajador trumpista aplaudió sin ritmo, e instruyó que se busque a algún periodista corrompible que hubiera entrevistado a Monsiváis y se publique en el universal. El “tío Richie” se quedó mirando al techo, calculando los impactos en X y el rating del noticiero nocturno.
El escenario estaba listo. La locura era total. ¿Qué podría salir mal?
El 25 de junio el Universal, el gran diario de México salió a pedir perdón a la familia y a la memoria del cronista Carlos Monsiváis. “Comprometida con la rendición de cuentas hacia nuestros lectores, esta casa editorial ofrece una disculpa por la publicación de una entrevista en la que se citan palabras del escritor Carlos Monsiváis cuya veracidad no pudo ser sustentada por su autor”









