Próximos a cumplir un año de sostener el campamento más visible de personas desalojadas arbitrariamente del centro histórico de la Ciudad de México, los primeros partidos de la selección mexicana les trajeron un revés inesperado. Primero, el día del partido inaugural del Mundial, les llegó un aviso alertando que alguien intentaría meterse en el edificio que resguardan; esa amenaza se cumplió durante el segundo partido, cuando sufrieron dos intentos de invasión ese mismo día que, juntos, pudieron evitar.

Todos están de acuerdo en señalar que la proximidad de la expropiación a su favor a la cual se comprometió la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, es el motivo de estos sustos y amenazas. Durante una conferencia de prensa que Brugada brindó esta semana, les llamó “compañeros” y dijo que les había asignado una una guardia de la policía bancaria (que los vecinos confirmaron que sí pasan a firmarles un cuadernito, que registra que llegan) y un enlace con la Secretaría de seguridad local ante nuevas amenazas. Afirmó también que el tema está en sus manos y que el 1 de julio se reunirá con ellos para darles avances; ya que tiene encargado personalmente de su caso al Secretario de Vivienda, Inti Muñoz. “El tema de la expropiación quedé de verlos, para informarles como vamos, el 1 de julio en la audiencia ciudadana. Me reuní con ellos y prácticamente diseñamos con cada una de las instituciones cómo se debería haber avanzado, para que cuando llegarámos a ese día, ya hubiéramos avanzado mucho”, dijo.
Ese compromiso público brindó un respaldo manifiesto a los vecinos, quienes también han sido aconsejados por Muñoz a que ante un posible nuevo intento de invasión, no traten de detenerla. Sin embargo, esta idea es más difícil e incómoda de sostener porque ¿cómo quedarse de brazos cruzados si alguien intenta entrar al sitio que llevan diez meses protegiendo a la intemperie?
Mundial inseguro
Los hechos no ocurrieron durante el partido, sino antes y después. “Algo que observamos es que en los días de fútbol hay más tránsito de gente del público que tradicionalmente viene a los bares y pensamos que les resulta óptimo decir que si hay un problema, es entre estos aficionados y la gente del campamento. Creo que esa es la estrategia que traen para decir que si sucede algo con el campamento, pueden culpar al fútbol”, dijo en entrevista, el abogado de los vecinos, Arturo Aparicio.

Además de la gente que llega a ver el partido a las pantallas, esa parte del centro está copada por operativos policiacos de distinto tenor, concentrados en la atención turística específicamente y sus zonas de interés, lo que deja al campamento en Cuba algo fuera de su radar. También hay patrullas destinadas a los bares, que funcionan como una especie de polícia privada, aunque sean públicos y lleven uniforme.
“Desde el inicio del campamento se le ha pedido al gobierno mucho apoyo en seguridad pero parece que la Secretaría de Gobierno no hace caso, porque a pesar de las solicitudes de la jefa de Gobierno anteriores, nunca las hemos tenido”, apuntó, durante la jornada en que sucedieron los hechos.
El jueves 18 de junio, alrededor de las cuatro de la tarde, una de las vecinas que estaba en el campamento notó que había unas escaleras colocadas hacia el primer piso del edificio, del lado que da hacia Callejón del 57 y unas personas intentaban entrar por la ventana abierta del departamento que ocupó la señora Cecilia, hasta que todos los vecinos fueron desalojados arbitrariamente en la mañana del 27 de agosto de 2025.
“Traían cadenas y estos candados, con todo y llave los traían. Y traían gas lacrimógeno, lámparas para quedarse, pero la maleta la tiraron en medio de la calle y se echaron a correr. Tiraron los víveres, que los recogieron los maestros”, contó Lilia, una de las vecinas, en referencia a los hechos de ese día y al plantón de la CNTE, cuando todavía no se había levantado.
La movilización de la CNTE les protegía de cierta manera amortiguando el tráfico de esa zona, como esa magia de las luchas social cuando colaboran, a veces, sin querer. “Ya estaban trepados unos, pero estamos esperando a ver. Ahorita vino el del cuadrante, a decirnos que a cualquier hora, él nos manda gente”, contó durante el tercer partido de la selección, cuando México logró su histórico pase a deciséisavos de final, sin perder ni un solo punto.

Compartir un triunfo
Las alertas siguieron encendidas cuando pasadas las once de la noche del jueves 18, un grupo de hombres se presentó con palos ante una de las puertas del campamento, diciendo a viva voz que habían sido pagados para meterse al edificio. Y aunque los vecinos les detuvieron y el tema se disipó sin que hubiese una agresión mayor, nadie ha podido descansar bien desde entonces.
Mientras el tercer partido comenzaba una semana más tarde y en la esquina del Eje Central y Donceles, una patrulla emitía un comunicado en altavoz diciéndole a la gente que el Zócalo estaba lleno y que mejor se fueran al Ángel, los vecinos se repartieron entre varias pantallas acomodadas en el campamento para ver el partido.
Esa es la incógnita que permanece entre ellos, saber qué fue realmente lo que sucedió en ese intento de invasión y si podría volver a suceder. Por el momento, esa violencia provocó que el campamento se extienda hacia la calle lateral, cubriendo todas las accesorias e impidiendo que nadie se acerque por ese lado al predio. Esto, obviamente, implica tener que hacerse cargo de más espacio que habitar y vigilar.
Y aunque su vigilancia ya era permanente, ahora las guardias se han redoblado con gente solidaria que les visita cotidianamente, o que se ofrece a pasar la noche, traer víveres, o pasar la tarde platicando. También a mirar el partido, gritar un gol y renovar la esperanza de que a veces, sí se puede ganar.









