Un jugador número 10 atraviesa la cancha en soledad. Sin perder el balón, sin nadie que lo detenga, ese jugador es el fantasma de la inseguridad. Va solo porque, paradójicamente, está cobijado por dos actores políticos. De un lado, la derecha oportunista, potenciada por los medios corporativos. Del otro, el gobierno de la 4T, distanciado de las causas sociales que lo llevaron al poder y con la necesidad de protegerse frente a las presiones internas y externas. Entre el oportunismo mediático y el supuesto pragmatismo político, estos extremos políticos son los que en realidad se encuentran en el discurso de la seguridad. Así, mientras el miedo y la inseguridad van con todo a la cancha, los movimientos sociales se van quedando en la banca.
El mundial es el escenario perfecto para buscar reflectores. Por eso los movimientos sociales aprovechan la coyuntura para presionar y empujar sus causas; del mismo modo, los partidos de derecha, que no logran articular más estrategias que el golpeteo y la desinformación, apelan a la potente y peligrosa narrativa de la inseguridad. Frente a ambos, el gobierno se pone defensivo, pues no solo enfrenta ambiciones a nivel nacional, es imposible olvidar que este mundial ocurre en el contexto de un país vecino inestable y amenazante (las noticias sobran).
El fantasma de la inseguridad existe en el espacio público porque ambos extremos con poder lo alimentan. El martes de esta semana, la presidenta Sheinbaum sugirió en la mañanera que “los extremos se tocan”, para referirse a una declaración de Ricardo Salinas Pliego, y en una apresurada analogía equiparó la lógica del empresario con las acciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), señalando su contribución a que la nota internacional sea que México reprime. Así, las declaraciones oficiales alimentan una paradoja donde la derecha mediática y el gobierno de izquierda se convierten, en la práctica, en aliados indirectos.
Para abordar esta reflexión, repasaré brevemente algunas noticias sobre la necesaria estrategia de seguridad del gobierno, particularmente relacionado con el Plan Kukulkán y un informe de riesgos al que han apelado diversos medios de comunicación. Después, cómo las acciones de los movimientos sociales se discuten en el discurso de la in-seguridad; finalmente, el papel de los medios corporativos como eje determinante en esta paradójica conclusión.
Estrategias de seguridad
Un evento de la dimensión económica y política que tiene un mundial deportivo amerita una estrategia de seguridad y de prevención de riesgos de la misma relevancia. Eso es indiscutible. Por ello, es de celebrar que el gobierno federal cuente con el Plan Kukulkán.
Ahora bien, la in-seguridad no es solo un tema de organización y funcionamiento eficiente, es también una herramienta de combate político. La inseguridad es una bandera histórica de la derecha y que sabe usar muy bien. Entre las incesantes amenazas de Donald Trump y los constantes golpeteos mediáticos que diseminan el miedo, la “seguridad” se pierde en su opuesto, la inseguridad: obra como un mensaje de vacío administrativo e incertidumbre, ora como una estrategia que termina criminalizando actores sociales.
Por ello, tiene sentido también que el gobierno mexicano, bajo la presión de nuestro vecino del norte —siempre al acecho de una intervención—, haga frecuentes declaraciones sobre los elementos que se despliegan, la vigilancia aérea e incluso que ceda a una coordinación con el FBI y la CIA.
A nivel local, la Ciudad de México cuenta con el informe “Matriz de identificación y evaluación de riesgos y amenazas locales en la Ciudad de México rumbo a la Copa Mundial FIFA 2026”. Este documento aparece en medios en octubre de 2025, a partir de una nota informativa de la Secretaría de Seguridad Ciudadana que recupera El Sol de México.
Sin embargo, la necesaria organización, ha cedido inevitablemente a las presiones políticas, externas e internas. Proceso publicó una nota anticipando la exposición de turistas al crimen organizado, la piratería y la trata, sembrando incertidumbre frente a una supuesta ausencia de estrategia. Si en octubre de 2025 se tenían identificados 46 posibles riesgos, para marzo de 2026, de acuerdo con La Jornada el informe ya incluía, entre los factores que podían generar “detrimentos a la gobernabilidad”, a manifestantes pro Palestina, colectivos antigentrificación, vecinos del estadio Azteca y activistas en contra de las políticas migratorias de Estados Unidos. Esta última nota, en un escueto final, destaca también las lluvias.
Los anteriores son solo algunos ejemplos [dejo al final una lista de noticias] de cómo ambos extremos —el del miedo y el de la criminalización de la protesta— alimentan al mismo fantasma. Es imposible no preguntarse si son equiparables para el gobierno una marcha legítima y una inundación, ¿son acaso dos “riesgos” a gestionar?
Kukulkán ante los movimientos sociales
La gran serpiente es invocada como símbolo de una estrategia monumental. Un importante mito para una importante organización para un evento de grandes dimensiones. Y, sin embargo, la Serpiente queda mediáticamente reducida al discurso del corporativismo mediático, cerrándole el paso a las causas ciudadanas, convirtiéndose ambas en aliados indirectos e inesperados, a pesar de ser claros oponentes.
Mientras el gobierno invoca a Kukulkán, los movimientos sociales intentan ganar la banda. Los maestros de la CNTE han bloqueado avenidas, derribado estatuas de futbolistas y anunciado acciones en el partido inaugural. Mucho se puede discutir sobre las estrategias de los movimientos sociales, su historia y eficacia. Lo cierto es que lograron una mesa de negociación para atender viejas demandas salariales, pensiones dignas y el cumplimiento de promesas de la 4T.
Sin embargo, mientras los medios corporativos priorizan el “caos vial” y las “amenazas a la seguridad”, los gubernamentales se cuidan de reconocerlos sin dejar de defender a la presidenta y, sin mención directa, refuerzan el mensaje de ilegitimidad del CNTE en particular. Para ello, recurren a contextualizar las acciones del magisterio con las declaraciones de Ricardo Salinas Pliego o de otros grupos claramente de derechas.
En la cancha figuran también los familiares de personas desaparecidas. Más de 130 mil personas no están localizadas. Así como el “balón regresa a casa”, ellos reclaman ese mismo regreso para sus seres queridos. Han rodeado el Estadio Azteca con fotografías y la pregunta incesante: ¿Dónde están? Su respuesta es el silencio gubernamental. Nuevamente, existen solo como amenaza al orden público y a la imagen que se desea transmitir.
Aquí hay una paradoja que pesa: el gobierno que llevó la esperanza al poder, montado en el descontento social —el rechazo al neoliberalismo, la división con el poder económico, la exigencia de justicia para Ayotzinapa o el apoyo al magisterio— hoy trata mediáticamente a los maestros como una amenaza. Lo anterior no admite una comparación oportunista de la presidenta con verdaderos responsables de múltiples violencias e injusticias del pasado. Hoy mismo se conmemora El Halconazo, no olvidemos a expresidentes como Gustavo Díaz Ordaz, Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto. Aun así, el peso de escuchar la gestión de las luchas sociales como “riesgo” es innegable.
¿Qué ocurre? ¿Cómo es posible que un gobierno humanista, apoyado por la izquierda, ceda al fantasma de la inseguridad —esa palabra que todo lo justifica— a costa de las luchas que se ha comprometido a defender? El Mundial terminará. Las cámaras se irán. Pero el fantasma de la inseguridad, ese jugador número 10 que nadie detuvo, seguirá recorriendo la cancha. La pregunta es: ¿seguiremos permitiendo que corra solo, o por fin le pondremos enfrente a los jugadores que realmente importan?
Los extremos ¿se encuentran?
Los medios de comunicación corporativos tienen una enorme responsabilidad en hacer del espacio público y de un evento mundial deportivo un campo de batalla donde se define el discurso de la in-seguridad. Son responsables de diseminar información imprecisa, manipulando y sembrando miedo, con una idea de que la inseguridad está fuera de control, el crimen organizado acecha, el Mundial será un caos.
Por otro lado, las iniciativas del gobierno federal se centran en mandar un mensaje de control y fortaleza que termina por cerrarse en sí mismo. Terminan por ver en los movimientos sociales un riesgo y no el impulso que nos trajo al gobierno desde 2018. Aún peor, se produce una paradoja donde dos extremos políticos opuestos —la derecha oportunista y el gobierno de la 4T— se encuentran en el discurso de la seguridad para ser, en los hechos, aliados indirectos.
Las declaraciones de la presidenta el martes 9 de junio suman con una generalización apresurada: sugiere que los maestros buscan provocar para generar una nota internacional negativa de nuestro país, y se coloca como víctima en lugar de asumir su posición de Estado responsable. Con ello, refuerza la paradoja y, hablando de responsabilidad, aumenta al abismo que divide al gobierno de las luchas sociales.
En consecuencia, el fantasma de la inseguridad ha jugado activamente en la cancha política y deportiva. Ha crecido con cada titular, con cada nota sobre el informe de riesgos, con cada declaración presidencial. Y mientras eso ocurre, los movimientos sociales —los maestros, los familiares de desaparecidos, los colectivos antigentrificación— son tratados como una molestia administrativa, en el mejor de los casos. Frente a las molestias que representan, el fantasma discursivo de la inseguridad tiene la cancha despejada.
Anexo: listado de noticias consultadas









