La capital tamaulipeca como todos los pueblos, villas y ciudades del mundo tienen sus propias historias relacionadas con acontecimientos curiosos, insólitos o extraordinarios. La mayoría corresponden a fenómenos de la naturaleza; otros se refieren a eventuales ocurrencias de personajes, leyendas, sucesos fantásticos, accidentes increíbles, leyes exóticas y hechos inverosímiles. Por supuesto sin descartar los de carácter misterioso, propios de la literatura de ficción.
En el caso de Ciudad Victoria, algunas forman parte del imaginario colectivo. Cómo muestra, es posible localizarlos en numerosos registros en publicaciones y documentos de siglos pasados. Algunos de ellos son amenos, asombrosos, divertidos y propios para la lectura rápida. Con el fin de recordar algunos de ellos, presentamos una breve recopilación propia de la crónica inédita de nuestra localidad. La principal fuente de consulta fueron los periódicos, donde aparecen redactados en breves noticias.
Estalló un aerolito. La noticia apareció en 1889 en el periódico El Tamaulipeco de Victoria; y la reprodujo el periódico Municipio Libre de la capital del país el 17 de agosto mismo año. “El día 8 del actual entre 9 y 10 de la noche, pasó por aquella capital uno de esos fenómenos meteorológicos que los astrónomos llaman bólidos, regalando a los vecinos con su efímera luz más luciente que a luna. Llevaba dirección sudoeste, y, después de diez segundos de camino, estalló produciendo un ruido análogo al de un cañonazo.”
Martes ni te cases ni te embarques. La boda entre los cantantes Bob Dylan y Joan Báez ambos de 85 años de edad, fue una sorpresa para todo el mundo. Algo similar sucedió en Ciudad Victoria en octubre de 1955, cuando dos empleados de gobierno del estado decidieron unir sus vidas. La boda otoñal de Demetrio un viudo de 69 años y Soledad de 50 años de edad, decidieron casarse el segundo martes de octubre de ese año. Sin embargo, al llegar esa fecha el novio decidió suspender la ceremonia y dijo al juez “…me caso mañana porque hoy es martes y es día de malas contingencias. Y por eso será hasta mañana la boda.”
El novio, menciona la noticia del Heraldo de Victoria, que a pesar de sus canas don Demetrio es un hombre jovial y hace honor al dicho aquel “Las tardes son más alegres que las mañanas…pues no obstante sus casi setenta años se ve fuerte.” Agrega el novio que no tenía apresuramiento por la boda “…no sea que se crezca el río y no me pueda casar, así me caso mañana para irme a mi rancho antes de que le baje más el agua al río.” Una vez legalizada la unión, el festejo al que invitó a sus compañeros se realizó con una barbacoa en el Ejido Joya Verde pasando el Río San Marcos por el camino a Jaumave.
Esquelas Matrimoniales. Anuncio humorístico de la Imprenta Regional que aparece en el periódico bisemanal El Jicote de Ciudad Victoria en 1930. El término esquela se asigna a un aviso mortuorio o fallecimiento de una persona.
Serenatas de Cerdos. Durante el siglo XIX y principios del XX, debido a los extensos solares sin bardas o cercas, era muy común en Ciudad Victoria la presencia de cerdos que recorrían las calles empedradas y terracería sin control sanitario. En vista de los desmanes, desorden y ruido que ocasionaban, continuamente se quejaban los vecinos sin que las autoridades municipales atendieran el problema.
El asunto llegó al periódico La Patria que en su edición del 8 de abril de 1885 recoge la siguiente inquietud ciudadana. “Los vecinos de Ciudad Victoria se quejan de las continuas serenatas que les dan las más de las noches, numerosas piaras de cerdos por las calles principales. ¿Por qué no hay policía en Ciudad Victoria?
Morir Bailando. Cosas impredecibles del destino. Una noche de pasión desmedida, murió de un paro cardiaco fulminante el joven Erasmo García vecino de Ciudad Victoria, mientras bailaba emocionado con una bella dama al compás de un moderno vals. Se infiere que lo hacía pegadito a ella, como dice El Piporro ojo con ojo, oreja con oreja y aliento con aliento. El lamentable deceso ocurrió en una residencia -ignoramos de buena o mala reputación- ubicada en la calle Matamoros. Así lo pregonan las páginas de El Diario del Hogar del 24 de agosto de 1888.
A barrer las calles. En 1881 no existían tantas calles como actualmente, pero desde entonces sus habitantes fieles a la tradición provinciana, cada mañana regaban y barrían las banquetas para mantenerlas limpias. Como parte de las sanciones a quienes cometían faltas administrativas menores, el cabildo aprobó que se impusiera cómo multa realizar el barrido de las calles del primer cuadro de la ciudad. El alcalde de aquella época decidió que se aplicara el castigo sin consideración alguna a todas las clases sociales. Dice el periódico La Patria “Tan templado es ese alcalde, que ha puesto a barrer las calles a personas de alguna representación social en castigo de sus faltas y con absoluta igualdad a los delincuentes del pueblo.”

Vale recordar que en enero de ese año cayeron fuertes nevadas y muchos victorenses perdieron sus vidas y cosechas; lo mismo Gustavo Levy contribuyó al tendido de las líneas telegráficas entre Victoria y Monterrey. Para entonces, el censo poblacional contabilizaba 6 mil habitantes.
Venganza a la Tamaulipeca. Existen numerosos casos sobre la postura política y odio de los liberales victorenses y Tamaulipas hacia los presbíteros durante el siglo XIX, con motivo de las Leyes de Reforma. Una de ellas se manifiesta en abril de 1856 en el periódico El Tamaulipeco de Tampico, sobre lo que sucedería a un cura que mandó asesinar a un interventor de los bienes eclesiásticos. Fíjese nada más: “Nosotros, los tamaulipecos, lo haríamos freír en aceite, y puesto en escabeche, lo guardaríamos cómo conserva.”
La Carroza de la Muerte. A principios del siglo XX los victorenses afrontaron varias epidemias de viruela, fiebre amarilla, gripe y otros. La muerte tenía permiso de transitar por los callejones y era común observar carretas y carrozas trasladando cadáveres al cementerio municipal. Dice el periódico La Opinión, (Ciudad Victoria 20 de diciembre de 1919) dirigido por Manuel Soto Flores que una mañana los transeúntes observaron una escena macabra: “En días pasados y por toda la calle Juárez iba la carroza de tercera clase, conduciendo dos cadáveres que traía del Hospital, los cuales se colocaron uno encima del otro, el cadáver de arriba se encontraba completamente descubierto causando esto muy mala impresión.” No especifica si era hombre o mujer.

Gobierno Pobre. Ejemplo de austeridad republicana, las autoridades del gobierno de Tamaulipas con sede en Victoria, decidieron rendir homenaje algunos sobrevivientes -jefes y tropa entre ellos Jesús Dozal y Manuel Torres- de la Batalla de Santa Gertrudis celebrada el 16 de junio de 1869 en Camargo, Tamaulipas en defensa de la República. Para ello se mandó acuñar una medalla conmemorativa adornada con un listón tricolor que los mismos acreedores pagaron de su bolsa. (Periódico El Chisme/México, D.F., septiembre 20 de 1889.)
Médico Eléctrico. En agosto de 1880 llegó a la capital tamaulipeca el doctor Lonifils, quien causó enorme furor entre los habitantes y enfermos. Se ostentaba como un famoso Médico Eléctrico y ofreció consulta durante varios días. “¿Será otro Merolico?” pregunta el redactor del periódico La Libertad, quien probablemente ignoraba que la electro terapia se puso de moda en España, al menos desde 1867.










